La historia de dos hermanos gemelos en el vientre materno y las enseñanzas para sus papás, vividas a través de la experiencia de la mamá en Terapia Regresiva Reconstructiva.

Escrito por  Dra. Mily Rodriguez

Karlita tenía que presentar un tema en su materia del posgrado que está tomando, a nivel de maestría. El tema a exponer era la resiliencia, capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido. Inició su exposición con gran aplomo, muy desenvuelta, organizando a sus compañeros para la actividad de aprendizaje que se iba a desarrollar. Es una chica inteligente, sensible y muy creativa, así que la experiencia resultaba prometedora. La exposición que estaba a punto de ofrecer era parte importante de su evaluación y ella y su compañera de equipo querían hacer su mejor papel.

Cuando a ella le toco hablar de la resiliencia, empezó a decir que había descubierto que era una persona resiliente, e inició su relato; comentó que hacía mucho habíamos sido testigos de su búsqueda de la cigüeña y que después de un largo camino logró contactarla. Que nos había compartido su alegría al saber que estaba embarazada y después con más entusiasmo, ¡cuando nos informó que venían dos!… así que todos acogimos la noticia con mucho alboroto y semana a semana nos poníamos al día con su evolución.

“Pues ahora les tengo que compartir que el fin de semana pasado me sentí muy mal, de irme al hospital, tenía un malestar generalizado y estaba asustada, sentía que algo andaba muy mal… llegamos con el médico y después de un rato, nos dijo a mi esposo y a mí que uno de los bebés desafortunadamente estaba muerto. Claro que me sentí muy triste, deseaba desesperadamente que hubiera un error, pero avanzaban lentos los minutos y la noticia se confirmaba. Es algo que todavía me duele, es muy difícil para mí, incluso pensé en hablarle a la maestra y disculparme… pero a mí me tocó dar el tema de la resiliencia; ya había empezado con la lectura y quería encontrar algo de que agarrarme para salir adelante, así que conforme seguí preparando mi tema, fui dándome cuenta que yo no quería estar hundida en la tristeza y me dije que yo tenía que poder y que ¡tenía que presentar mi exposición!, así que me puse de acuerdo con mi compañera y aquí estamos. Sé que es difícil, pero tengo los recursos, soy resiliente y me da gusto saberlo, además mi otro bebe necesita que yo esté bien. Y vamos a estar bien”.

La felicité por su valentía y me sorprendió que estuviera en clase en vez de en cama y curiosa pregunté que cuando había salido del hospital y me comentó que el mismo día. El médico les había explicado que el otro bebé estaba perfectamente bien; lo conveniente era esperar hasta la fecha del parto y dejar así las cosas, pues no había riesgo de infección y el otro estaba evolucionando de lo mejor. Quedé impactada con la noticia y con lo intenso que se vivía ese momento dentro del salón de clases, pero sobre todo, me embargaba la fortaleza de Karlita y su profundo dolor que inundaba todo el espacio. Hubo un silencio sepulcral y en ese momento me asaltó una idea, así que le pregunté si querría trabajar la situación con TRR (Terapia Regresiva Reconstructiva).

Karlita: “Si, la verdad es que necesito algo… no te importa que entre mi esposo, ¿se puede? me gustaría que me acompañara”. Mi respuesta fue un sí, no habría inconveniente, pero pensé para mis adentros cuánto tiempo pasaría para que este hombre llegara, y tonta de mí, ¡ahí estaba!, ¡fuera!, esperando a que su mujercita saliera de clases, ¡una jornada que dura cuatro horas! Por lo que este hombre, amante fiel y esposo preocupado, merecía compartir la experiencia que habíamos decidido Karlita y yo aventurar.

Así que pedí al equipo que continuaran con su exposición pues seguía una actividad divertida y relajante, mientras yo reservaba un consultorio en la universidad para trabajar, de manera que nos trasladaríamos a una cámara de Gesell. No sabía que iba a pasar, ni cómo, lo que sí sabía y estaba plenamente convencida, era que para eso me había entrenado en TRR, ya que es la forma de ayudar en casos difíciles como éste, en que ninguna otra forma de terapia podría ofrecer un apoyo que sirviera de paliativo y ofreciera una esperanza para seguir adelante sin altos costos de sufrimiento y dolor. La experiencia sería quizá extenuante para Karla, pero yo estaba convencida de que valdría la pena, sentía que ella tenía derecho a saber que estaba pasando “ahí adentro” y yo pretendía que así fuera, básicamente esa fue mi motivación inicial.

Creo que como mujer, como madre y como terapeuta, sentía la necesidad de que esta jovencita encontrara una explicación a lo que estaba viviendo, que le permitiera seguir de pie con uno de sus bebes ya muerto en su vientre. Le faltaban dos meses, dos largos meses que podría ser un infierno de sentimientos ambivalentes y esa tormenta emocional estaría afectando terriblemente al otro bebé que continuaba aferrado a la vida y merecía contar con el amor de su madre que se veía empañado. Una de las cosas que afirma mi maestro de TRR, (Martínez, L.A.)* es que en un alto índice de frecuencia, el mayor conflicto del ser humano tiene que ver con el claustro materno, por ello, yo estaba decidida a hacer algo al respecto.

Iniciamos la intervención, los compañeros estarían del otro lado del espejo, una de las alumnas estaría dentro para manejar el sonido y la música de relajación. Karla se recostó en el sofá y su esposo se sentó en una silla a la altura de sus pies. Yo estaba frente a ella e iniciamos la inducción para lograr un trance profundo. He de contarles lo más articulado posible la serie de sucesos que se fueron dando, ya que por desgracia el sistema de videograbación no funcionó.

Comencé por decirle a Karla que tenía en su vientre dos corazoncitos y ya que deseaba hablar con ellos, esta era la oportunidad de hacerlo. Sugerí el cordón umbilical como una línea telefónica con dos extensiones, pero ella prefirió “entrar en la cueva con ellos”, pero no quería ir sola, quería que Eduardo la acompañara. Eduardo es su esposo, sentado a sus pies, sensible, conmovido y claramente en trance, en sintonía con su esposa. Karla se angustió y su cuerpo temblaba, así que decidí hacer una “técnica de encuadre” de la TRR y ponerla en pantalla para que pudiera continuar con la experiencia.

Entonces ella tomó de la mano a su esposo y juntos se deslizaron “por una resbaladilla” hasta la “cueva”. Empezó a hablarle a esos corazoncitos, les susurraba lo mucho que los quería y el deseo de tenerlos a los dos. Le pregunté que si ellos sabían sus nombres y resultaron ser Patito y Natilla.
Empezó a mirarlos con tanto amor y Patito sonreía, les dijo a ambos que era gracioso lo mucho que se parecía a su papá porque los dos eran narizones y todos rieron ante la ocurrencia. Eduardo estaba feliz de ver a su hijito y de saber que se parecían mucho. Karla le confirmaba su amor y le decía que era su favorito, pero Patito solo decía: “es que sufro mucho… estoy sufriendo mucho”. Observé a Eduardo sentado a un lado, las lágrimas rodaban copiosas por sus mejillas, se veía absorto, petrificado y cabizbajo.

Patito continuó: “yo ya me quería ir, pero me estuve esperando porque quería estar más tiempo contigo mamá, pero sufro mucho y ya me tengo que ir”. Ella le decía que no quería que se fuera, “me haces mucha falta”. Le pedí que le preguntara a Natilla como se sentía de que Patito se fuera y su respuesta causó gracia a sus papás: “Que ya no me va a patear”. “Hemos jugado mucho juntos, nos divertimos… pero el ya se va”. Lo dijo con tal naturalidad, fue tan espontánea que hasta el rostro de Karla se miró sereno. Y su vientre empezó a moverse como si los dos corazoncitos estuvieran acomodándose, eran muy fuertes los movimientos, pero Karla seguía tranquila y curiosa. Entonces le preguntó a Patito porqué tenía que irse y él contestó: “Yo vine para estar contigo un rato y para ayudar a Natilla, ella se va a quedar y te va a hacer muy feliz, jugábamos mucho…”.

Con un llanto sereno y voz tenue Karla llora y le pregunta entonces que va a pasar; el responde que se va a ir haciendo cada vez más chiquito para que Natilla tenga mucho espacio y pueda seguir creciendo y que él se va en paz porque Natilla le va a traer mucha alegría. “No te preocupes mamá, porque ahora ya no sufro y puedo ayudar a Natilla para que ella salga a hacerte feliz”.

En este momento del proceso, le pido a Karla que aproveche la oportunidad y les pregunte cuáles son sus planes para el gran día, que va a pasar y cómo va a pasar. Pregúntales ¿quién va a nacer primero? A lo que impetuosa respondió Natilla que ella, que ya estaban acomodándose y que Patito ya no iba a estar.

Karla ha dejado caer muchas lágrimas pero su rostro está relajado, se percibe sonriente y su vientre que había estado en constante movimiento ahora se nota apacible. Ha sido una experiencia muy intensa y agotadora, así que ha llegado el momento de volver al aquí y ahora. Se hace el cierre y antes de que ella abra los ojos, he pedido a Eduardo que tome mi lugar para que sea lo primero que ella vea. Y discretamente salgo de la Cámara de Gesell y me voy del otro lado del espejo. Ahí me encuentro con el equipo reflexivo y nos dimos a la tarea de asimilar la experiencia.

Al día siguiente, Karla fue la primera en llegar a clase, venía guapísima y se veía radiante, lo más interesante fue que Eduardo la había dejado en la puerta de la universidad y volvería por ella hasta la hora de la salida. Karla me comentó que ahora comprendía y sabía que Diosito le había mandado dos angelitos, uno para que los acompañara en la tierra y otro para que los cuidara desde el cielo.

Dra. Mily Rodríguez
Consultora Experta en TRR
Guadalajara, Jalisco, México. Abril 2012
Tl.: (333) 968 6695
milyrdz@hotmail.com


*Martínez, L.A., Presidente de AETRA