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¿Cuándo puede ser adecuada la TRR?

La Transformación Reparativa Reconstructiva (TRR) puede resultar de interés para personas que desean profundizar en el conocimiento de su propia historia, comprender determinados patrones emocionales o relacionales y explorar experiencias que continúan teniendo significado en su vida presente.

No es necesario acudir a la TRR porque exista una enfermedad, un diagnóstico o un trastorno psicológico.

Muchas personas se acercan a ella sencillamente porque desean comprenderse mejor, revisar determinadas etapas de su vida, explorar conflictos emocionales, reconocer formas aprendidas de reaccionar o favorecer procesos de cambio personal.

La TRR puede utilizarse dentro de procesos de acompañamiento orientados, entre otros aspectos, a:

  • explorar experiencias emocionalmente significativas;
  • reconocer patrones de conducta o relación que se repiten;
  • comprender determinadas reacciones que la persona percibe como difíciles de explicar;
  • revisar decisiones, vínculos o acontecimientos importantes de su historia;
  • favorecer procesos de expresión, toma de conciencia e integración;
  • acompañar momentos de cambio, pérdida, transición o replanteamiento vital;
  • profundizar en procesos de autoconocimiento y responsabilidad personal.

La metodología no parte de la idea de que exista necesariamente un acontecimiento oculto que explique todo lo que ocurre en el presente.

Tampoco pretende que el profesional encuentre una causa por el consultante.

Desde el Principio de Cero Inducción, se procura que aquello que aparezca durante la experiencia surja de la propia persona, evitando introducir recuerdos, explicaciones o interpretaciones previamente determinadas.

Cuando existen problemas de salud física o psicológica

La TRR no sustituye la evaluación, diagnóstico ni tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico.

Cuando una persona presenta síntomas físicos, dificultades psicológicas importantes o dispone de un diagnóstico clínico, cualquier utilización de TRR debe entenderse, cuando resulte apropiada, como un recurso complementario dentro de los límites profesionales de quien la utiliza.

Un profesional formado en TRR que sea además médico, psicólogo u otro profesional sanitario deberá actuar siempre dentro de las competencias correspondientes a su titulación y legislación profesional.

Quien no disponga de esas competencias no debe diagnosticar, tratar enfermedades ni recomendar modificaciones o abandono de tratamientos sanitarios.

Esta diferenciación es especialmente importante en una metodología complementaria: la Organización Mundial de la Salud insiste actualmente en que las prácticas tradicionales, complementarias e integrativas deben avanzar precisamente mediante evaluación de seguridad, regulación y práctica basada en evidencia.

¿Puede utilizarse cuando alguien ya está recibiendo tratamiento?

En determinadas circunstancias puede coexistir con otros procesos de acompañamiento, pero eso no significa que sea apropiada para todas las personas ni en todos los momentos.

Cuando existe tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico, la prioridad es no interferir con el mismo.

Nunca debe utilizarse la TRR para recomendar a una persona:

suspender medicación, abandonar psicoterapia, modificar tratamientos médicos o sustituir una atención sanitaria indicada.

Cuando resulte necesario, deberá buscarse coordinación o valoración por parte del profesional sanitario responsable.


Situaciones que requieren especial prudencia

Más que hablar de “contraindicaciones absolutas” de la TRR —para las que actualmente no disponemos de estudios específicos suficientes que permitan establecer una lista clínica propia— consideramos más riguroso hablar de situaciones que requieren una evaluación especialmente cuidadosa antes de iniciar un proceso vivencial intenso.

Entre ellas pueden encontrarse:

  • estados psicóticos activos o descompensaciones psiquiátricas graves;
  • alteraciones importantes del estado de conciencia;
  • situaciones de elevada vulnerabilidad emocional;
  • determinadas enfermedades neurológicas;
  • problemas médicos que puedan verse afectados por una activación emocional intensa;
  • embarazo, especialmente cuando existen complicaciones o factores de riesgo;
  • infancia;
  • situaciones de enfermedad grave o terminal.

 La presencia de cualquiera de estas circunstancias no debe interpretarse automáticamente como una prohibición universal, pero sí como una razón para extremar la prudencia y valorar si el trabajo es adecuado, quién debe realizarlo y en qué condiciones.

En algunas situaciones, la decisión responsable será no realizar TRR, posponerla o derivar a otro profesional. En otras, podrá ser conveniente que el proceso sea acompañado o supervisado por un profesional sanitario competente.

Dentro de la comunidad internacional de profesionales formados en TRR contamos también con médicos, psiquiatras y otros especialistas sanitarios de diferentes áreas, que ejercen su profesión de manera independiente y dentro de las competencias que les corresponden por su titulación.

Cuando las circunstancias lo aconsejan y disponemos de una referencia adecuada, podemos facilitar el contacto con alguno de estos profesionales. De este modo, una persona puede recibir, por una parte, el acompañamiento emocional que resulte pertinente y, por otra, la valoración, seguimiento o tratamiento de su condición médica o psicológica por parte de un profesional legalmente habilitado para ello.

Es importante señalar que, en estos casos, el diagnóstico y la intervención sanitaria no se realizan por el hecho de estar formado en TRR, sino en virtud de la capacitación profesional del médico, psiquiatra, psicólogo u otro especialista correspondiente.

Especial atención a los trastornos psicóticos

Cuando una persona atraviesa un episodio psicótico, presenta delirios, alucinaciones, desorganización importante del pensamiento o dificultades para distinguir claramente entre experiencia subjetiva y realidad externa, no consideramos adecuado realizar procesos regresivos o exploraciones intensivas de contenido simbólico sin valoración psiquiátrica o psicológica especializada.

La prioridad debe ser siempre la estabilidad y seguridad de la persona.

Además, determinadas experiencias imaginativas, espirituales o simbólicas no deberían interpretarse automáticamente como acontecimientos objetivos cuando existe una situación clínica que pueda afectar a la percepción de la realidad.


TRR y menores de edad

El trabajo con menores requiere un cuidado especialmente estricto.

La TRR no debería trasladarse directamente al niño utilizando los mismos procedimientos empleados con adultos.

La infancia posee características evolutivas, cognitivas, emocionales y familiares propias y cualquier intervención debe adaptarse a la edad, comprensión y necesidades del menor.

Cuando se trabaje con niños, consideramos especialmente importante que intervengan profesionales con formación específica en infancia y que se respeten los requisitos legales relativos al consentimiento de padres o tutores y, cuando corresponda, el asentimiento del propio menor.

El consentimiento informado, la protección de la autonomía y la confidencialidad son principios centrales también en la práctica psicológica profesional.

En lugar de realizar exploraciones regresivas profundas, pueden utilizarse —siempre dentro de las competencias profesionales correspondientes— recursos adaptados a la edad como:

juego, dibujo, narración, cuentos, imaginación, metáforas o expresión emocional.

Estos recursos no deben utilizarse para inducir al menor a confirmar determinados acontecimientos ni para interpretar sus producciones como pruebas de que algo concreto ocurrió.

La especial susceptibilidad de la memoria y de la imaginación infantil hace todavía más importante el Principio de Cero Inducción.

Por esta razón, cuando existe una problemática psicológica significativa en un menor, la valoración debe quedar en manos de profesionales cualificados en salud mental infantil.


¿Y los familiares?

La TRR no necesita aplicarse únicamente a la persona que atraviesa una dificultad.

Un familiar puede realizar su propio proceso de autoconocimiento para comprender:

  • cómo está viviendo una determinada situación;
  • qué emociones le genera;
  • qué límites necesita establecer;
  • qué responsabilidades le corresponden y cuáles no;
  • cómo puede acompañar sin anularse ni intentar controlar la vida del otro.

El objetivo no sería “comprender el trastorno” de otra persona mediante TRR, sino comprender mejor nuestra propia posición dentro de esa relación.


Una pregunta más importante que «¿puedo hacer TRR?»

Antes de iniciar cualquier proceso, quizá resulte más útil formular tres preguntas:

¿Para qué quiero hacerlo?

¿Es éste un momento adecuado para mí?

¿La persona que va a acompañarme dispone de la formación y competencias necesarias para aquello que estoy viviendo?

La TRR no debería aplicarse por rutina ni porque una persona encaje dentro de una lista de problemas.

Cada historia requiere una valoración individual, prudencia y respeto por los propios límites.

Porque parte del acompañamiento responsable consiste también en saber reconocer cuándo hacer menos, esperar o derivar es la mejor intervención posible.

 

 

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